Sobre el nazismo y el comunismo

Recientemente, he leído un tuit que decía más o menos algo como que “La división es simple: antifascistas y comunistas”.

El próximo aniversario de la Segunda Guerra Mundial es una buena ocasión para corregir y refutar esa aserción, porque la verdadera división es entre totalitarios (tanto comunistas como nacional-socialistas) y aquellos que se oponen a estos.

La Segunda Guerra Mundial comenzó con un ataque alemán en Polonia, el 1 de septiembre de 1939, pero previamente hubo un acuerdo entre la Unión Soviética y la Alemania Nazi para dividir Europa Central en dos esferas de influencia. Los comunistas soviéticos contribuyeron a dar lugar a la guerra. Stalin consideraba que esto sería una oportunidad para instalar el socialismo soviético en todo el continente europeo.

Es más, 16 días más tarde se sumó a la guerra de Hitler contra Polonia. Mientras tanto, 2 meses y medio más tarde, la Unión Soviética atacó la democrática Finlandia (me refiero a la Guerra de Invierno, que tuvo lugar entre el 30 de noviembre y el 12 de marzo de 1940). Así, en vistas de eso, la visión soviética de la Historia, según la cual, los llamados soldados soviéticos “antifascistas” fueron liberadores es indudablemente absurda.

Los socialistas por todo el mundo, inspirados por el marxismo-leninismo, llaman a aquellos que condenan sus sangrientas revoluciones “fascistas” y “reaccionarios” (muchos críticos también han sido asesinados). Siendo cristiano practicante, pertenecer a la clase media o alta (“clase propietaria” dirían los marxistas) o tener “equivocado” origen ancestral fueron razones para ser ejecutados por los pelotones comunistas. Durante el estalinismo, millones de personas de varias nacionalidades fueron asesinadas en la también llamada URSS (más víctimas que en el régimen nacional-socialista de Hitler).

Una estrategia clave de las técnicas propagandísticas soviéticas fue la práctica de señalar a los enemigos políticos como fascistas. Los patriotas polacos contrarios al dominio soviético de Polonia tras la II Guerra Mundial compartieron celda en prisiones con sus principales enemigos de guerra (criminales nazis). Los polacos estuvieron luchando contra los nazis durante seis años de guerra.

El hecho de que los comunistas se autodescriban como “antifascistas” sugiere que los anti-comunistas son fascistas (incluso la izquierda socialista democrática actual clama esto) es obviamente una mentira. Pero es más vulgar que los socialistas asocien el fascismo con el capitalismo cuando los orígenes políticos de Mussolini eran socialistas y Hitler celebraba el Día del Trabajo (Primero de Mayo).

Del mismo modo, no tiene sentido asociar el cristianismo al fascismo. La mayoría de ideólogos del fascismo y el nacional-socialismo eran ateos y odiaban la religión. Por supuesto, como totalitarios, intentaban utilizar la religión aparte del resto de aspectos de la vida humana para sus propósitos. Pero definitivamente, nada tienen en común con el evangelio de Jesucristo..

Ignorar que, durante Septiembre de 1939, Polonia fue escenario de un ataque dual por nacional-socialistas y comunistas es una de las razones por las que, de acuerdo con la propaganda izquierdista, conservadores y libertarios son fascistas.