Secesionismo catalán y libertad

Hoy no hablaré de urnas de plástico opacas, ni de la urna que se rompió camino a la Escuela Industrial de Barcelona, ni de dónde han salido los 2,5 millones de votos, ni del 20% que le valía a la ANC, ni de tantas otras cosas que son ejemplo de democracia para el mundo.

Tampoco hablaré de constituciones ni tribunales. En lugar de hablar de democracia, hablaremos de libertad. Aunque no lo crean muchos, es más importante.

Desde el movimiento libertarian, habitualmente se dibuja el independentismo catalán de una forma completamente utópica desde un punto de vista libertario. Se trata de una imagen donde el secesionismo catalán no es sino una reacción contra un sistema centralista y liberticida español, recordando eso, en la práctica, a los héroes confederados. La parte real de esta imagen era la del Estado español, que cada año perdía más puestos en los índices de libertad económica, aumentaba la fiscalidad y las regulaciones…

Pero, ¿qué no hay de cierto? La parte que no es cierta está en que el movimiento secesionista catalán es una reacción a todo esto, no lo es. No solo es que no lo sea, sino que en parte es responsable de estos problemas que acechan la política española y probablemente una República Catalana tendría estos problemas en una forma bastante más grave.

Para comenzar, ¿cuál es la situación política catalana? Voy a centrarme en aspectos sociológicos y electorales, tomando como base las últimas elecciones generales y autonómicas. Hemos de tener en cuenta que las últimas elecciones autonómicas provocaron que se redujera la trascendencia (de cara al propio voto) de los programas económicos y sociales, debido a que los principales partidos independentistas, Esquerra Republicana de Catalunya -ERC- y Convergència Democràtica de Catalunya -CDC- (ahora reconvertido en Partit Democràta Europeu Català -PdeCAT-) conformaron una nueva agrupación (Junts pel Sí -JxSí-) de cara a esas elecciones, de forma que se unificase el voto del independentismo catalán, cosa que consiguieron solo en parte dado que Candidatura de Unidad Popular -CUP- se presentó independientemente.

A pesar de esa distorsión, si se analizan los resultados de esas elecciones se podrá apreciar un espectro político catalán de carácter estatista. Las elecciones las ganó JxSí, observando los resultados de las generales de los dos partidos que conformaban esta candidatura, podemos deducir (como una mera aproximación) que el 56,68% del voto de la candidatura provino del votante de ERC y el 43,32% restante del votante de CDC, dividiendo esa agrupación en sus partidos “padres”, tendríamos estos resultados en porcentaje de votos:


Los partidos citados podemos clasificarlos de la forma que sigue. ERC es un partido de izquierda comunista (bien conocidas son los contactos de Francisco Maciá, fundador de ERC, con dirigentes de la URSS, mientras que su portavoz en el Congreso y, probablemente su miembro más mediático es un marxista declarado y su último programa económico es un compendio de medidas del populismo de izquierdas: banca pública, tasas para las extracciones en cajeros, nuevos impuestos, aumento de impuestos especiales…). CUP se autodefine anticapitalista y Podemos es sobradamente conocido.

Algunos votantes de Catalunya Sí Que Es Pot apostaron por partidos de izquierda constitucionalista dada la opacidad en el asunto secesionista. Este partido -Podemos-, con el nombre de “En Comú Podem”, ganó las elecciones generales en Cataluña.

Dejando a un lado lo comentado acerca de la distorsión de voto, podríamos agrupar los resultados de las elecciones autonómicas de la siguiente forma:

  • Los partidos comunistas habrían obtenido alrededor de un 40%, convirtiendo, el nuevo comunismo, en el movimiento predominante en Cataluña. He considerado en este apartado a ERC, CatSí y CUP.
  • Seguido del comunismo, irían los partidos socialdemócratas, con un 38% aproximadamente. En este grupo he contado a PP, CDC/PDECAT y PSOE.
  • Por último, centristas y democristianos. Este grupo lo compondrían C’s y Unió.

Simplemente con este análisis, el panorama para la defensa de las libertades en Cataluña ya se antoja más desolador que si ojeamos la composición del parlamento español -aunque la de este último no sea agrado de los defensores de la libertad y la propiedad-.

En relación al Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), cabe destacar que Cataluña es la segunda región con los tipos mínimo y máximo más elevados. Mientras, según el informe sobre el Día de la Liberación Fiscal, elaborado por el think-tank liberal Civismo, esta región septentrional es la que tiene la fecha más tardía. Hablamos también de la comunidad con el mayor número de impuestos propios, entre ellos, el aplicado a las bebidas azucaradas y al riesgo medioambiental.

Asimismo, la renta garantizada es superior a la de otras Comunidades Autónomas, de unos 550 euros, estando previsto, según el gobierno regional, que ascienda a los 660 euros. Por tanto, se evidencia la tendencia política catalana hacia un férreo intervencionismo económico. Así pues, se evidencia que ese hipotético país no sería la “Suiza del Mediterráneo”, pero tampoco una economía más libre que la española.

Por otra parte, hemos de tener claro que no se trata de un proceso de secesión natural, sino un resultado de la ingeniería social (una variante del socialismo). La Generalidad de Cataluña ha aprovechado la competencia autonómica en materia educativa para adoctrinar a las nuevas generaciones en las tesis secesionistas, además de financiar de forma exorbitante y controlar una televisión pública (TV3),  subvencionar a medios privados favorables al procés y otros tantos medios de propaganda política.

Con todo ello, aunque fuera la férrea voluntad del 51% de catalanes, no deberíamos permitir que se convierta Cataluña en “la Cuba del Mediterráneo”.