Lavapiés, la ultraizquierda y el multiculturalismo

La semana pasada se desencadenó una ola de disturbios en el céntrico barrio matritense de Lavapiés, que ha vuelto a reiterarse, ayer miércoles día 22 de febrero. Hablamos de unos incidentes causados por inmigrantes senegaleses.

Esta situación de muy considerable inseguridad fue el resultado de un bulo difundido por redes sociales, en el que se calumniaba a las autoridades policiales al acusarlas de haber causado la muerte del africano Mame Mbaye (sufrió un ataque cardiaco), cuando lo que estas hicieron fue atenderle e intentar salvarle la vida.

La extrema izquierda, que gobierna el ayuntamiento de Madrid gracias al respaldo de un PSOE cada vez más radicalizado, contribuyó a dar pábulo a esa información infundada que se divulgaba a través de Internet. Esto en realidad no nos sorprende, ya que este tipo de políticos siempre buscan desestabilizar el Estado de Derecho así como aniquilar cualquier idea de Occidente.

Ellos no creen haber hecho, por lo que se mencionaba en la línea anterior desde mi punto de vista, lo que viene a ser una mala gestión de estos incidentes. De hecho, el partido del que el grupo de Manuela Carmena es marca blanca propone legalizar el “top manta”. Sí, los máximos enemigos del libre comercio en cualquier modalidad deben de ver bien la venta de productos falsificados.

Ahora bien, sin dejar de recordar cuán incompetente, intervencionista y nefasta es la administración neocomunista que tiene las riendas de la capital del Reino de España, no hay que negar en qué medida parece que se va a dar lugar a un fenómeno no muy extraño en Europa Occidental, con la pasividad absoluta de un petulante establishment de consenso progre-socialdemócrata.

Si uno se pone a investigar sobre no-go zones” en Europa, ya sean por la imposición de la ley islámica o por un extremado ambiente de delincuencia, encontraremos varios barrios en distintas ciudades europeas. Por ejemplo, Molenbeek en Bruselas o Rosengård en Malmö. Zonas con considerable proporción de musulmanes, donde las autoridades policiales no se atreven a intervenir.

Luego, no tendrá constancia de ninguna en localidades como Bratislava, Budapest, Gdansk, Kosice, Praga o Varsovia. Pero es que en España, como en otros países del oeste europeo, no se ha asumido aún que el multiculturalismo es un imposible y algo peligroso, que hay una vital de necesidad de controlar la inmigración.

De hecho, lo idóneo sería que las comunidades vecinales determinaran quién puede y quién no residir en las mismas (una política migratoria mucho más descentralizada). Pero el posibilismo indica que el Gobierno de España debería tratar de endurecer las leyes migratorias, abandonar el Espacio de Schengen, considerar las deportaciones para más de un caso, y reforzar la seguridad fronteriza.

Seguramente, muy lamentablemente, nuestra clase política preferirá mantener el fenómeno de la corrección política, ignorando la realidad e intimidando al disidente para censurar. Luego nos preguntaremos por qué, by and large, crece la confianza en el “populismo de derechas”.