¿Debe Trump intervenir militarmente Venezuela?

Anoche (hora española), fue noticia que el presidente de los Estados Unidos (EE.UU) no descartaba una intervención militar en Venezuela, para contribuir al derrocamiento de la tiranía de Nicolás Maduro.

Cabe recordar que esta no es la única acción de Donald Trump contra tiranías socialistas-comunistas. Aparte de deshacer el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba aplicado por Obama (no le llamemos “bloqueo” pues, tal y como afirma el economista liberal Daniel Lacalle, EE.UU es uno de los principales socios comerciales de la isla) y de su celeridad para rescatar a Otto Warmbier de Corea del Norte, también ha puesto sobre la mesa sanciones diplomáticas contra Venezuela.

Ahora bien, hay quienes cuestionan una hipotética acción militar de este tipo dado que se está atentando contra el llamado principio de no agresión, un concepto que, según la Wiki del Instituto Mises, implica la oposición a la participación en guerras que no tenga un fin de autodefensa, algo que implica una objeción a las intervenciones militares en territorios extranjeros. Obviamente, cualquier defensor de la libertad es partidario de que cada comunidad y cada país decidan por sí mismos su futuro. Sin embargo, ¿es coherente hacer una excepción?

Si bien es cierto que quien redacta este mismo artículo no suscribe el postulado liberal-libertario del aislacionismo (entendido básicamente como la no intervención en problemas de carácter internacional), creo que no se debe interpretar como extensión del monopolio de violencia del Estado más allá de nuestras fronteras ya que no estamos participando en un conflicto interno de otro país como podría ser una secesión (tampoco en un mero conflicto comercial entre dos países, algo que el libre comercio resolvería sin problemas), sino tratando de intervenir con fines humanitarios.

La dictadura chavista tiene a Venezuela sumida en el más absoluto caos (lo cual evidencia que tal situación no tiene por qué ser directamente proporcional a la reducción del nivel de estatismo). Hay escasez de alimentos y materias primas, problemas de conexión a Internet y déficit de medicamentos en los centros sanitarios. Se asesina por parte de la Guardia Nacional Bolivariana o se encarcela diariamente a aquellos que piden mayor libertad y prosperidad para su patria. Se ha impuesto la llamada “Constituyente” (reforma constitucional), que supone un refuerzo del totalitarismo que ya estaban viviendo: abolición de la propiedad privada, fin de la separación de poderes, eliminación del artículo 350 (que avala la desobediencia civil), limitación de salidas internacionales, etc.

Como se puede concluir con absoluta facilidad, se desarrolla lo que supone el ascenso de los totalitarios por vías democráticas (la democracia liberal no es un fenómeno de la naturaleza que no pueda ser desafiado por la acción humana). De hecho, cabe recordar que el mainstream político venezolano cuenta con un bloque opositor que en realidad es cómplice de la tiranía socialista de Maduro: la Mesa de Unidad Democrática (MUD), lo cual da más razones para una desconfianza que provoca el mero hecho de que sean formaciones socialistas, que no renieguen del intervencionismo económico y no quieran limitar ese poder político que tiende a corromper (no solo son corrupción los casos Púnica, ERE, MalayaGürtel, sino también las tiranías comunistas).

Por lo tanto, creo yo que los defensores del principio de no agresión pueden hacer una justificación ética y moral (no pocos libertarios venezolanos están satisfechos con lo que baraja Trump, que básicamente es ayuda para poner fin a una tiranía que está causando serios perjuicios a los venezolanos). Ahora bien, más de uno, no necesariamente libertarian, puede manifestar una preocupación ante el hecho de que pudiera aumentar el déficit presupuestario, como ocurriera con Reagan (dadas las intervenciones en el extinto Telón de Acero), aunque hay que leer la letra chica: la rebaja fiscal de Reagan dio lugar a superávits presupuestarios en los años ’90, como señala Brian Riedl (del think-tank Heritage); funcionó la curva de Laffer. De hecho, Trump plantea una reforma fiscal (rebajas drásticas) acompañada de recortes presupuestarios (es más, se ha recortado el gasto político de la Casa Blanca).

Ni siquiera atenta el planteamiento trumpiano contra el principio de subsidiariedad, ya que no se está tratando de faltar el respeto a la libertad y autonomía de esas unidades de menor orden. No se desautoriza con dicho principio el concepto de diplomacia, y es que, a mi juicio, una diplomacia que esté comprometida con la garantía de los derechos y libertades civiles opera tal y como es debido. Luego, es cierto que la función principal y básica de un ejército es garantizar la seguridad e independencia del país al que pertenece, pero por qué negarnos a una acción “solidaria y humanitaria” que ayude a los ciudadanos de otros territorios a poner fin a odiseas totalitarias que les anulan toda clase de libertad, requisito para la prosperidad.

Una vez dicho todo lo anterior, para finalizar y concluir, considero que Donald Trump estaría en lo correcto si finalmente interviniera militarmente para poner fin a una tiranía que evidencia por enésima ocasión el carácter criminal, liberticida e inhumano del comunismo.