Sin familia ni marcos morales, no hay libertad

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Recientemente, finalicé una lectura bastante relevante para el entorno de aquellos que defendemos la libertad del individuo frente al férreo intervencionismo estatal: Una defensa del liberalismo conservador.

El autor del ensayo es el catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla Francisco José Contreras, máximo exponente del liberal-conservadurismo en España, decidió elaborar este ensayo a fin de contribuir a una mayor divulgación de los principios de esta corriente ideológica en nuestro país.

Contreras divide su obra en seis capítulos, que responden a los siguientes títulos: Liberalismo contra libertarianismo, El liberalismo clásico era liberalismo conservadorLiberalismo conservador aplicado: Estados UnidosPor qué Hayek sí es conservadorEl gen autodestructivo del liberalismo y la alternativa liberal-perfeccionista.

Al respecto, comentaré las ideas principales, aparte de exponer una serie de críticas, que prefiero considerar como matices ya que, como me atreveré a anunciar de antemano, estoy de acuerdo, bastante, en líneas generales, con el fondo y la mayoría de cosas que aparecen escritas en el libro.

Para comenzar, considera que “la tradición liberal clásica fue en realidad liberal-conservadora”. Se refiere a intelectuales/economistas como John Locke, el barón de Montesquieu, Lord Acton y Friedrich August Von Hayek. Todos ellos estaban de acuerdo en la necesidad de defender la virtud y practicar lo considerado como “ecología moral”.

Pero es que, en realidad, el conservadurismo y el liberalismo bien entendidos están eminentemente interrelacionados. Sostenía Hayek que el progreso no podía planificarse, por su propia naturaleza, y efectivamente, la defensa del orden espontáneo implicaba, a su vez, tanto dejar hacer como respetar instituciones naturales como el matrimonio y la familia.

De hecho, recuerda que quienes fueron pioneros en la legalización del aborto, de una práctica médica homicida, fueron los dirigentes de la Unión Soviética, allí por el año 1921. No fue ningún convencido defensor de la libertad quien consideraba que el Estado debía de desproteger a los no nacidos.

Asimismo, conviene recordar que a quienes más les interesa la destrucción de la institución familiar es a los socialistas y comunistas, alienándole competencias, acabar con el modelo infantocéntrico y considerando “modelos de familia” que en realidad son inviables, como bien señala el informe Rekers.

En relación a cuestiones deístas y religiosas, conviene apuntar, como hace el profesor, que Locke consideraba que los seres humanos teníamos derechos por ser propiedad de “ese Hacedor y Señor” y que la ley natural debía de ser una expresión de la voluntad divina (del mismo modo, defendía la libertad para la virtud y los deberes naturales frente a los “derechos”).

Luego, Smith consideraba que el orden económico capitalista presupone un orden moral previo. Él apostaba por un “sistema moral austero” como clave para la prosperidad de una sociedad. Eso sí, aparentemente se equivocaba al sugerir que el Estado debía de inculcar cierto tipo de valores.

Cambiando de tercio, Contreras pone a los Estados Unidos como ejemplo de una nación liberal-conservadora. Ciertamente, la independencia frente a la corona británica fue la consecución de un entorno más libre, tanto económica como políticamente, para la ciudadanía norteamericana. Eso sí, los Padres Fundadores defendían una “libertad ordenada”.

Al mismo tiempo, los valores cristianos tuvieron una considerable influencia en el desarrollo de esa sociedad del otro lado del Atlántico, y dieron lugar a una sociedad intensamente religiosa aunque sea considerablemente plural. Hicieron cierta síntesis entre cristianismo, liberalismo y republicanismo.

Entendían los Padres Fundadores la importancia de respetar la familia y el matrimonio (con razón, ya que son la base de una sociedad floreciente), del patriotismo -que nada tiene que ver con el nacionalismo-. Se pone de manifiesto la apreciación de la responsabilidad individual al mismo tiempo que, desde el principio, se defendió cierta institución.

Ahora bien, quizá nos convenga ser algo más precisos. A día de hoy, dentro de dicho país norteamericano, quienes mejor defienden la libertad desde una perspectiva moralmente conservadora son los texanos. Mientras que la extinta Dixie es, en general, más conservadora, hay Estados con bastante izquierdismo como California.

Dicho territorio, bañado por el Océano Pacífico, es una de las economías más intervenidas de los Estados Unidos, así como una especie de “modelo progre” mientras que el gobierno central washingtoniano cada vez acapara más competencias. Es más, hay más de un movimiento secesionista de corte conservador-libertario.

Eso sí, la derecha americana es grosso modo defensora tanto de la vida como de la familia y el Estado mínimo. En Europa no se da esto. Por ejemplo, con la salvedad de los que son más jóvenes, hay bastantes estatistas social y moralmente conservadores en Polonia (el partido de gobierno, Ley y Justicia, apuesta por el big government).

Por otro lado, se acierta reconociendo las contribuciones de Santo Tomás de Aquino a la defensa de la libertad y los correspondientes postulados, siendo, por otro lado, bastante cierto, que “la voluntad humana se autodetermina; como la divina, es causa incausada: pone en marcha nuevas cadenas de causas y efectos“.

No obstante, considero que no es acertado contraponer libertarismo y liberalismo-conservador, como si para desconfiar de la existencia del Estado tal y como es hiciera falta ser un nihilista-relativista, cuando el problema es que ciertos relativistas, tontos útiles del “marxismo cultural”, han salpicado el mainstream libertario.

Hablamos de algo de lo que Lew Rockwell, presidente del Mises Institute, trataba en el llamado “manifiesto paleolibertario”. Precisamente, advertía de que no se respetaba a las instituciones naturales que garantizaban una libertad ordenada así como la propiedad privada. Y es que, tal y como apunta mi compañero de activismo Luis Carlos Parra en un artículo titulado Soy Paleo:

[…] Ciertos libertarios a menudo confunden la batalla contra la autoridad estatal con la batalla contra la autoridad natural. El paleolibertarismo solo cuestiona aquella de carácter estatal, por el hecho de ser un resultado del ejercicio monopolístico de la violencia. Asimismo,  reconoce la autoridad natural a la que los individuos se someten voluntariamente. La de Dios para los cristianos, la del empresario para los trabajadores, la del profesor para sus alumnos…, cada una de ellas sin salirse de, lo que Lew Rockwell denomina “su esfera de autoridad”. De hecho, en muchas ocasiones son ellas las que restringen la acción estatal sobre “su esfera de autoridad” (todo esto, además, da razones para que en ocasiones, el individuo se rebele contra la acción estatal). […]

Jeff Deist, director del mismo think-tank, también expuso, hace pocos años, una crítica a esa “deriva progre”. Entre otras cosas, cree que han caído en una “trampa de la modernidad”, por creer que hay una necesidad de crear algo nuevo, cuando la ingeniería social nada tiene que ver con la evolución espontánea, sino con cierto modelo de planificación.

La defensa del orden natural no requiere de imposiciones top-down. De hecho, territorios de los más conservadores y pro-vida de Occidente como Polonia y Texas tienen más que agradecerle al efecto bottom-up que al Estado, es decir a la envidiable sociología que, en el segundo caso, tiene la suerte de ser considerablemente antiestatista, con diferencia.

Es más, una comunidad privada de esas de las que hablaba el economista y filósofo Hans-Hermann Hoppe (libertario, pero cultural y moralmente conservador) garantizaría mejor los derechos naturales y respetaría ciertas instituciones y cuerpos intermedio que la mayoría de Estados.

Pensemos en lo que ha pasado en Reino Unido, donde el Estado no respeta la dignidad humana de los enfermos (la familia de Alfie Evans es una de tantas que lo sabe perfectamente). Las instituciones y la democracia (que es vía de ascenso de totalitarios) están a manos de gente que puede corromperse también degenerando moralmente promoviendo aborto y eutanasia.

Asimismo, ese multiculturalismo cuyas consecuencias estamos sufriendo en Europa Occidental no es sino consecuencia de la irresponsabilidad de los políticos. Sin Estado, sino con Derecho Privado, habría sido más fácil cerrarle la puerta a quienes no quieren respetar los valores cristianos occidentales (no siempre habrá un burócrata con sensatez orbaniana).

Los libertarios de derecha simplemente desconfiamos del Estado, pero no de las instituciones naturales y los cuerpos intermedios (entre ellos, la Iglesia). Defendemos la vida, la familia, la propiedad y los valores cristianos occidentales. Tenemos claro que la libertad solo puede ser ordenada. El relativismo no es un fundamento pro libertatem.

Es más, la única diferencia esencial entre liberal-conservadores y paleo-libertarios es “minarquismo vs. anarquismo”. Vamos y debemos ir de la misma mano, ya que tenemos más cosas que nos unen en vez de separarnos. Da igual que haya marxistas culturales que entiendan de economía. Hay que ir contra la izquierda, cualquier faceta socialista y lo “progre”.

En cualquier caso, con la salvedad de esos matices que he expuesto con la más absoluta intención constructiva, el libro es altamente recomendable, no solo para reforzar argumentos, sino para que se pueda entender que el liberalismo no es relativismo materialista así como tampoco “socialdemocracia e igualitarismo”.