La crisis de natalidad, un desafío más

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[…] De acuerdo con el portal de datos económicos datosmacro.com, la tasa de natalidad experimenta, desde 2008 (11’28%), año de comienzo de la crisis económica, un descenso cuasi constante –aunque, en el año 2014, se registrare, con un valor de un 9’17%, un máximo relativo a considerar como despreciable, por su variación interanual centesimal-. La brecha comprendida entre el año de la rata (según el horóscopo chino) y el 2015 es, en términos relativos, de 2’26 puntos.

Respecto a un problema que no solo afecta a nuestro país, sino a todo el continente, por lo que se suele hablar de un “invierno demográfico europeo”, se suele decir que es algo que solo debe concernir al individuo o que si es una mera y burda excusa para garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones para nuestros mayores, aparte de la tesis neomalthusianista, que alerta de una superpoblación que no deja de ser un “mito falaz”. Pero no, discrepo completamente de esas afirmaciones. Una humanidad que avanza no puede tolerar el fenómeno del “suicidio demográfico”, de una crisis cuya “complejidad” a reconocer no debe ser excusa para evitar poner sobre la mesa el asunto y afrontarlo con coraje.

Teniendo en cuenta que, en 1960, la tasa de natalidad era superior al 18% tanto en España como en el conjunto de la Zona Euro, donde actualmente es de un 9’74%, me atrevo a afirmar que nos estamos enfrentando a una de las consecuencias de la crisis de valores que afecta al continente, de corte relativista y epicureísta; un concepto para cuyo desarrollo prefiero citar al consultor empresarial Alejandro Macarrón, quien sostiene que existen diversos aspectos anti-natalidad del modelo de sociedad contemporáneo como, la menor necesidad percibida de tener hijos en una sociedad urbana, con un Estado de Bienestar que nos atiende en la vejez; el retraso en la edad de tener el primer hijo; el nuevo papel de la mujer en la vida económica; la inestabilidad familiar; los valores sociales actuales, entre los que tener hijos es poco prioritario; el acomodamiento por la prosperidad alcanzada en el último siglo y la gran disponibilidad de sistemas contraceptivos. Ahora bien, ¿cómo proceder a solucionar el problema? […]