Derecho a reprobar

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El derecho a la libre expresión implica, obviamente, el derecho a ofender. Tipificar una definición que garantice una interpretación objetiva de lo que puede ser constitutivo de ataque a los sentimientos religiosos de un individuo o colectivo concreto es algo prácticamente imposible. Lo único a lo que se puede dar lugar es a un marco represivo resultante de la censura, de algo que no hace falta ilustrar remontándonos a la Inquisición y siendo conscientes del totalitarismo comunista/fascista y de la inexistencia de libertad religiosa en los países islámicos, sino a la “inquisición progre”.